Curacautín: La Ciudad de las Piedras Que Hablan
Curacautín —'piedras que suenan' o 'lugar de piedras que hablan'— está en el corazón del territorio pewenche andino.
Relato del suceso
Curacautín proviene del mapudungun 'Küra-kawün' o 'Kura-kawün', que puede interpretarse como 'piedras que suenan', 'lugar donde cantan las piedras' o variantes relacionadas con el ruido del río entre las piedras del lecho. Kura significa 'piedra' y kawün o kawten puede relacionarse con 'sonido', 'hablar', 'rumor'.
La zona de Curacautín es el umbral entre la cordillera andina y los valles precordilleranos. Es el territorio ancestral del pueblo pewenche (gente del piñón), que habitaba los altos pasos andinos y los bosques de araucaria (pehuén). El piñón de la araucaria era su alimento principal y la base de su economía.
Los pewenche de la zona tuvieron contacto temprano con los españoles a través de los pasos cordilleranos que comunicaban con el Puelmapu. Su posición geográfica los convirtió en intermediarios comerciales clave entre las comunidades del Gulumapu y el Puelmapu.
Hoy Curacautín es acceso al Parque Nacional Conguillio (en mapudungun: Kongüllío, 'laguna entre pinos araucaria'), donde el volcán Llaima —lugar sagrado pewenche— se eleva sobre bosques de araucaria milenaria que los pewenche consideraron siempre su 'árbol de la vida'.